El reconocimiento de la importancia de la empresa familiar en la Argentina.
La importancia estratégica, social y económica de las empresas familiares está siendo reconocida en todo el mundo y particularmente en la Argentina. Prueba de esto es la creciente aparición de centros de investigación, conferencias, espacios de reflexión, notas periodísticas, artículos académicos y el incremento de los profesionales de diversos campos que se dedican a esta temática. Si bien no existen todavía estadísticas fiables sobre la contribución de las empresas familiares a la economía argentina – hoy en día tal vez haya pocas estadísticas fiables en cualquier temática- podemos intuir que la misma debe ser de fundamental relevancia. Esta intuición no es ingenua en tanto se advierta que una de las ventajas que este tipo de empresa tiene sobre las otras es la preponderancia en ellas del factor “confianza”. En líneas generales esta “confianza” se deriva de los vínculos afectivos inherentes a todo núcleo familiar. En un escenario de reglas de juego cambiantes, incertidumbre institucional y eternos procesos de justicia, condiciones todas presentes en la República Argentina, la confianza termina siendo determinante a la hora de elegir con quién se hacen negocios y en qué términos se hacen.
El Protocolo Familiar y la percepción del empresario familiar local
En este contexto de importancia de la empresa familiar, una de las ideas que mas fuerte han calado en las investigaciones sobre el tema y en el desarrollo de la práctica profesional se refiere a la conveniencia de contar con un “Protocolo Familiar”. Se considera que la existencia de un “Protocolo Familiar” es conducente y funcional para la supervivencia exitosa de la empresa familiar, en un marco de consenso y conservación de los vínculos de la familia.
El Protocolo contribuye a que, dado que una empresa debe manejarse con reglas y normas de lógica económica y estratégica, y dado que una familia se maneja con reglas y normas de lógica afectiva y contemporizadora, se equilibren ambas lógicas en un contexto tal que la empresa prospere mientras la familia continúa unida. En otras palabras, que el precio de mantener la armonía en el asado del domingo no sea la quiebra de la empresa y que el precio de una empresa exitosa no sea que los familiares hablen solo a través de sus abogados.Mucho se ha escrito y se continuará escribiendo sobre el Protocolo Familiar. Mucho también se ha aplicado este instrumento en diversas empresas familiares. He sido uno de los tantos que ha tratado el tema, que ha contribuido a la conformación de ellos en varias empresas y que lo está investigando en profundidad.
Advierto de mis indagaciones y de mi práctica profesional que existe una brecha entre lo que las investigaciones relacionadas con el tema indican y lo que muchos de nuestros empresarios familiares perciben que están dispuestos a encarar. Claro, hasta que un hecho de reputada gravedad –muerte, enfermedad, conflicto familiar, cambio, entre otros - les imponga lo contrario. Esta brecha consiste en que, mientras el camino recomendado implica un proceso de elaboración del Protocolo mediante la construcción de consensos familiares y de negociación sistemática de las reglas de juego que se incorporarán al mismo, la mayoría de los empresarios familiares pretenden imponer su criterio unilateral al resto de la familia, y contar con un Protocolo de la manera mas rápida y directa posible. Esto es, desean contar con una “vía rápida” que instale un Protocolo como por arte de magia. El Protocolo se hace "Fast Track".
La percepción de nuestro empresariado familiar local consiste en que todos los temas que deben incluirse en el Protocolo, que son de gran importancia y complejidad, se resuelven con la simple imposición de esos temas en un documento elaborado por sí junto con su asesor de confianza o incluso con un asesor contratado al efecto, y que una vez impreso, debe ser firmado sin miramientos por los restantes integrantes de la familia. Y entonces, voilá, se tiene un Protocolo Familiar y todos los problemas del presente y del futuro están resueltos y tratados. ¿Seguro?
El liderazgo autoritario, el Protocolo “Fast Track” y la ilusión vana del empresario familiar.
El liderazgo tradicional en la Argentina es autoritario. Se considera que en todo contexto el líder manda, impone, abruma y no se equivoca. No importa si el contexto o la etapa del ciclo de vida en la que la empresa se encuentra sugiere un liderazgo de consenso, o de negociación, el paradigma que rige es el del caudillo y visionario que en soledad toma sus decisiones y las revela al resto de los integrantes de la empresa y de la familia solo para su aceptación y ejecución. La empresa familiar suele ser dirigida bajo este paradigma, sobre todo en su primera etapa en donde el fundador hace y deshace a su antojo. Este estilo, efectivo en algunos contextos y eficaz en el corto plazo, es fatal en otros y decididamente ineficaz en el largo plazo. Numerosos problemas se derivan del líder autoritario en una empresa familiar, pero para ser concisos concentrémonos en dos:
1. “El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos”: frase por excelencia de una bella canción de Pablo Milanés, que no por obvia resulta debidamente atendida. Cada líder autoritario obra en su empresa como si el tiempo fuera irrelevante y nada pudiera afectarlo. El líder autoritario es eterno y todo problema relacionado con el mediano plazo no lo encara, lo posterga, o le dedica el mínimo tiempo posible porque está urgido por otra cosa de la coyuntura inmediata o de la estrategia de la empresa en escenarios en dónde siempre él forma parte.
2. “Hijo mío, todo esto que ves algún día será tuyo”: si, bueno, pero “algún día” puede ser ahora y el hijo mío puede ser hijos míos, hijo y nietos míos, hijo, nuera, hija, hermano, etc. ¿Y además que es “todo esto”? ¿Significa “serás el dueño y nada más” o también “serás el gerente general”? El líder autoritario asume que él puede fijar el destino de sus sucesores sin que éstos formen parte de la discusión de este destino y sin planificar escenarios en donde la diversidad de la familia y la idiosincrasia de su empresa estén contempladas.
Tomando estos dos problemas como ejemplo, podemos ya imaginar algunas causas de la “vía rápida” al Protocolo Familiar que pretenden varios de nuestros empresarios familiares locales.
Primero, fijar un rápido esquema de reglas de juego permite que no se piense demasiado en que, en definitiva, un tema a conversar largo y tendido trata justamente de la desaparición de la escena del líder. No solo por la muerte – al fin y al cabo a nadie le gusta pensar en ella – sino por algo más temible para el líder autoritario: el pase del bastón de mando, su sucesión como conductor de la empresa. En consecuencia, cuando es el líder quién fija y no negocia las reglas no es de sorprenderse que uno de los puntos menos trabajados en ese Protocolo “Fast Track” es, precisamente, la sucesión del mando bajo supuestos que no impliquen la muerte del líder (por ejemplo, por desempeño ineficiente o no ajustado a un nuevo contexto económico y competitivo de la empresa).
Segundo, en familias de cierto número de integrantes, trabajar a conciencia el Protocolo Familiar implica disponerse a conversar una serie de temas esenciales (¿cómo se distribuyen los beneficios? ¿cómo y cuánto se reinvierte? ¿quién puede trabajar en la empresa familiar y en qué condiciones? ¿cómo se toman las decisiones? ¿qué se hace ante una situación de gravedad familiar, se utilizan recursos de la empresa para resolverla?, entre otros) que por su naturaleza demandan una comunicación abierta y comprensiva entre todos los integrantes de la familia e, incluso, la participación en algunos casos de recursos humanos claves no familiares. ¿Está el líder autoritario dispuesto a esto? Usualmente no y por eso prefiere lo que en la jerga se denomina “bajar línea”, y esto se hace rápidamente, a su juicio, con un Protocolo “Fast Track”
La vana ilusión es que ese Protocolo sea respetado en los momentos en que más hace falta, que es precisamente cuando se verifique alguno de los supuestos de la realidad para los cuales se creo en primer lugar. La falta de participación de los familiares afectados por el Protocolo “Fast Track” genera que todos estén dispuestos a la firma y aceptación del Protocolo mientras el líder autoritario se encuentra en la cima de su poder mientras en paralelo se construyen las estrategias que permitan romperlo o incumplirlo en el futuro. No importa que el Protocolo, como acuerdo escrito, sea exhaustivo y detallado en sus previsiones –de hecho cualquier profesional con suficiente práctica en este campo cuenta con excelentes modelos que, sumados a la moderna técnica del “copy and paste”, permite brindar Protocolos “Fast Track” en unas pocas horas- sino que, como todo contrato, si no está acompañado de un compromiso moral firme de los involucrados, de su convicción de que el cumplimiento es deseable, justo y equitativo, de incentivos morales y económicos para el cumplimiento, de una cultura de participación, equidad y justicia y de un proceso de constitución y formación del Protocolo que lo legitime como norma vinculante, pues lo exhaustivo y detallado de las previsiones solo hará mas trabajosa la labor de los abogados de los familiares en el futuro conflicto que seguramente se avecinará al primer intento de aplicar ese Protocolo “Fast Track”.
Conclusión
Definitivamente no hay que hacer Protocolos Familiares “Fast Track”. Dejo para futuros post mis comentarios y sugerencias sobre como llevar adelante el proceso de negociación y la conformación de un Protocolo Familiar que sea sustentable y eficaz para la supervivencia exitosa de la empresa familiar en consonancia con la armonía de sus integrantes. En este señalo que contar con un documento escrito que denominemos graciosamente “Protocolo Familiar”, hecho en la recoleta soledad del líder de la empresa familiar, arbitrado por sus asesores e impuesto a los restantes integrantes de la familia y de la empresa como un dictado de la naturaleza está destinado al irremediable fracaso en cualquier situación en la que se pretenda que ese Protocolo funcione. El Protocolo Familiar así elaborado solo es un "fast track" al conflicto futuro.
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