Pero, ¿qué tipo de empresa es una empresa familiar? Entre aquellos que investigamos y trabajamos activamente en esta temática no existe un acuerdo completo sobre los elementos que la definen. A los fines de este artículo, trabajaremos con el concepto de que una empresa familiar es aquella en la cual los integrantes de una familia poseen el gobierno y control de los recursos y activos productivos de una determinada unidad de negocios y que le brindan, con su participación e influencia una impronta particular en materia de valores, visión, misión y cultura empresarial.
Las empresas familiares tienen grandes ventajas competitivas respecto de aquellas empresas mas impersonales. Tienden a ser mas estables y a contar con una mirada enfocada en el largo plazo; generalmente cuentan con mayor capacidad y velocidad en la toma de decisiones, si la cohesión familiar es fuerte y cuenta con valores compartidos a lo largo de todo el espectro familiar, y afrontan menores costos de agencia dados los lazos de confianza que atraviesan a toda la familia. También, es relevante decirlo, tienen crisis que son específicas de este tipo de empresas, que surgen de temáticas sensibles para su tratamiento, y que, de no ser previstas y gestionadas, condenan a la empresa familiar a una pronta extinción. En esta nota veremos algunas de ellas.
Temática sensible en las empresas familiares agropecuarias.
La familia es un sistema cuyo continente es la emocionalidad, en donde los sentimientos personales son fundamentales, las relaciones se sustentan en el afecto y el objetivo del sistema es la protección, el crecimiento y el desarrollo de sus integrantes. La empresa es un sistema en donde prima la racionalidad, la ecuación costo-beneficio enmarca la toma de decisiones y los objetivos pasan por el crecimiento del sistema y el incremento de la rentabilidad. Dos sistemas, dos órdenes de diferente funcionamiento y finalidad. Por esto, es que su particular interacción produce la aparición de determinadas cuestiones o temas sensibles que se debe gestionar para un equilibrada interrelación entre ellos. Equilibrada, puesto que en la empresa familiar el objetivo final es que estos sistemas funcionen de manera sinérgica, sin que la supervivencia y crecimiento de la unidad económica fracture la familia, o el mantenimiento de la cohesión familiar extinga la empresa.
Si las empresas familiares tienen sus crisis características, propias de la peculiaridad de la relación entre los dos sistemas que le dan sentido, las empresas agropecuarias familiares les agregan las particularidades propias de la actividad en la que se desarrollan. La profesionalización, la sucesión y la distribución de rentas son algunas de ellas.
a) Las demandas de profesionalización de los recursos humanos y la incorporación de los familiares a la empresa agropecuaria familiar
Durante mucho tiempo la empresa agropecuaria familiar pudo desarrollar sus actividades de forma mas o menos estable, permitiendo que los integrantes de la familia se fueran incorporando a ella, proveyéndoles un medio de vida y un trabajo seguro. Hoy, estas empresas trabajan en un acelerado contexto de mercados globalizados, de crecimiento sostenido de la demanda de productos agrícolo-ganaderos, de tecnificación intensiva de los procesos productivos y de permanente avance tecnológico que, en paralelo al tradicional riesgo climático, tornan imperativo que adopten estrategias de profesionalización de sus recursos humanos. La forma en la que las empresas agropecuarias familiares respondan a este desafío es una de las claves de su supervivencia.
El lector se preguntará: ¿Cómo afrontar tal desafío si todos los hijos del fundador pretenden participar de la actividad de la empresa y algunos de ellos carecen de las capacidades necesarias para hacerlo? ¿Cómo resolver el dilema cuándo su incorporación lisa y llana implica admitir en la empresa un recurso humano que posiblemente obstruya procesos, o complique tomas de decisiones eficientes, pero de no hacerlo las cenas familiares se transforman en un calvario?
Evidentemente, no es un proceso sencillo. Pero la necesaria profesionalización que hoy impone el contexto de mercado implica que, de no encararse la solución del tema en forma temprana, el dilema se torna insoluble.
¿Cómo hacerlo? Veamos algunas pautas de acción:
- Establecer, lo antes posible, políticas de recursos humanos que sean claras y que impongan la profesionalización y capacitación permanente de los mismos, sean o no familiares de los propietarios de la empresa.
- Encarar procesos de capacitación temprana de los integrantes de la familia, que les permitan contar con las habilidades y conocimientos necesarios para incorporarse a la empresa.
- Establecer políticas de incorporación de familiares a la empresa, con requisitos detallados y precisos que deben ser cumplidos por el familiar aspirante a incorporarse.
- Distinguir que la pertenencia a la familia no implica la pertenencia al cuadro de recursos humanos de la empresa. Esto debe hacerse en paralelo con una política de distribución de las rentas que esté asociada con roles específicos. Mas adelante profundizaré sobre este punto.
- Desarrollar una cultura y un conjunto de valores en la empresa y en la familia que legitimen la capacidad y profesionalidad como prerrequisitos de ingreso al cuadro de recursos humanos de la empresa.
- Promover el desarrollo de los integrantes de la familia de acuerdo a sus necesidades, intereses y capacidades que pueden o no estar asociados a la actividad de la empresa. La constitución, con los recursos de la actividad productiva, de un fondo para la capacitación y desarrollo de los integrantes de la familia es un medio interesante para explorar e indudablemente mas eficiente, económico y justo que la simple incorporación a la empresa como forma de brindarle a un familiar un medio de subsistencia.
- “Last but not least”: cumplir con las normativas autoimpuestas. Sino, la discordancia entre la declaración y el hecho condena todo el proceso al fracaso.
b) La sucesión en el gerenciamiento y en la propiedad
El liderazgo del fundador o fundadores de una empresa agropecuaria familiar suele ser determinante para su evolución y crecimiento. Su capacidad de previsión, su dedicación y contracción al trabajo y las relaciones personales que entabla con proveedores, clientes y recursos humanos imprimen características muy especiales a este tipo de empresas. Asociado a esto, es posible que otros integrantes de su familia participen activamente del negocio, en un rango que se extiende desde la participación completa de todos los integrantes del núcleo extendido familiar (incluyendo primos, yernos, nueras, etc.) hasta la mera colaboración externa con el fundador sin que haya participación dentro de la empresa.
En cualquier caso, la segura desaparición del fundador o fundadores trae aparejados dos problemas de fundamental importancia para la supervivencia de la empresa familiar: la sucesión en la propiedad y la sucesión en el liderazgo.
Respecto del primero, bien conocidas son en nuestro ámbito las historias que se refieren a grandes extensiones de campo que, por obra y gracia del derecho sucesorio argentino y de una mala coordinación y consenso entre varios herederos, se transformaron en pequeñas unidades de explotación con pérdida absoluta de economías de escala y, por consiguiente, de rentabilidad. Respecto del segundo, basta con citar el viejo adagio que reza que “la primera generación funda, la segunda administra y la tercera funde”, para revelar que la ausencia de previsión en la materia tiene efectos terminales sobre la supervivencia de la empresa familiar tanto porque el rol sea asumido por alguien no capacitado para él, como por posibles luchas de poder que se generen entre los herederos para la elección del sucesor apropiado.
Existen en nuestro derecho algunos institutos que permitirían moderar los efectos de una partición antieconómica de establecimientos agropecuarios o ganaderos. Por ejemplo, los artículos 51 y 53 de la ley 14.394 autorizan a que el causante o su cónyuge supérstite impongan a sus herederos la indivisión por un plazo determinado de un establecimiento comercial, industrial, agrícola, ganadero, minero o cualquier otro que constituya una unidad económica. Pero el punto a tener en cuenta no es la facultad que confiere tal instituto sino el hecho de que, de no haberse establecido un “set” de reglas de juego para la interacción de dichos herederos, y de no haberse construido un marco de valores y de cultura empresaria y familiar que lo sustente, con la indivisión lo único que se habrá logrado es mantener juntos, forzadamente, a quienes carecen de toda voluntad o aptitud para llevar adelante un emprendimiento común.
La solución a estos problemas no está solo en el Derecho sino en un enfoque multidisciplinario que surge de la apropiada interacción de esta disciplina con otras tales como la Psicología, la Economía, el Management y el Comportamiento Organizacional, entre otras. Este enfoque permite gestionar el proceso de construcción de ese “set” de reglas de juego; facilita evaluar, consolidar o modificar el conjunto de valores y la cultura imperante en la empresa familiar agropecuaria y promueve la planificación de una adecuada sucesión en el liderazgo y de una ordenada sucesión en la propiedad.
Algunos elementos a tener en cuenta:
- Evitar el atrincheramiento en la función de conducción y liderazgo de la empresa. El fundador o fundadores pueden creer que gozan de vida eterna y postergar el proceso de formación de un sucesor hasta que sea demasiado tarde para hacerlo.
- Iniciar el proceso de formación del sucesor en el liderazgo y hacerlo de forma tal que su selección sea legitimada tanto por los restantes integrantes de la familia como por los diversos participantes de la actividad de la empresa (clientes, proveedores, recursos humanos).
- Definir el momento preciso en el que el traspaso del mando habrá de tener lugar. Esto implica establecer políticas de retiro del fundador o fundadores y asignarles un rol posterior que puede consistir, por ejemplo, en una función de consejero externo o el desempeño de roles en los órganos familiares paralelos a la empresa que, dependiendo de la envergadura y complejidad de la misma, puede ser conveniente establecer (Consejo de Familia o Asamblea Familiar).
- Encarar y concluir el proceso de construcción de un Protocolo Familiar, con la apertura, amplitud y profundidad que sea necesaria de acuerdo a las características y particularidades de la empresa familiar de que se trate.
c) La distribución de las rentas en la empresa agropecuaria familiar.
Tecnificación acelerada, tecnología de punta, situación económica y financiera variable, marco jurídico de incertidumbre, precios volátiles, sistemas bancarios restringidos. Todos aspectos de una realidad que hace que en la estrategia financiera de la empresa agropecuaria familiar se recurra frecuentemente a la reinversión o a la generación de fondos de contingencia como mecanismos de cobertura.
En paralelo, la familia que crece, se incorporan nuevos integrantes (hijos, yernos, nueras, nietos), sus necesidades varían (colegios, universidades, vivienda, salud) y sus expectativas también.
¿Cómo conciliar esta divergencia, entre una actividad que demanda recursos y un sistema que requiere drenarla de ellos? Con una política clara, sistemática y coherente de distinción de recursos de la empresa y de recursos de la familia y con una política definida de distribución de las rentas de la empresa familiar.
Los propietarios de la empresa familiar suelen emplear los activos y los recursos de la empresa como si fuesen indistintamente de la familia. Así, la camioneta con la que se realiza la logística puede ser utilizada por el hijo que quiere hacer un viaje, o la caja de la empresa funciona como la billetera familiar. Esta conducta, sostenida en el tiempo, genera una cultura arraigada de confusión patrimonial que, cuando en determinado estadio de su ciclo de vida la empresa necesita de distinciones claras porque los recursos ya son demasiado escasos para su nivel de actividad o su envergadura demanda una dedicación específica de sus activos, produce fricciones en el seno de la familia de incierta resolución. El establecimiento de una política que asigne con claridad a qué sistema pertenece cada recurso es clave para que en el futuro no se presenten estos problemas. Claro está que, para ello, la reinversión de los beneficios debe ser equilibrada con la construcción de un sólido patrimonio familiar que permita que cada sistema cuente con sus propios elementos y no le pida “prestado” nada al otro.
En cuanto a la distribución de las rentas, la política a adoptar se sustenta en una definición coherente de los roles a los cuales se retribuye por dicha distribución y en una apropiada visión del alcance del negocio.
La definición de los roles implica esencialmente distinguir cuales cumple cada integrante de la familia con relación a la empresa. Así, quién es propietario de participaciones sociales recibe utilidades, el manager su retribución, el empleado su salario, el proveedor su precio y el prestamista su interés. Esta distinción y su mantenimiento en el tiempo contribuye a qué la familia reconozca el origen y la causa que legitima los retiros de dinero de la empresa que no son el mero hecho de pertenecer a la familia. Desde este reconocimiento se disuelve la posibilidad de conflictos futuros relacionados con este tema.
La visión apropiada del negocio conlleva el reconocimiento de qué cada actividad (cría de ganado, siembra, molienda, servicios de cosecha, etc.) tiene su propio margen de rentabilidad y su propia lógica interna que no se altera porque las necesidades o expectativas de la familia exijan márgenes mayores o retiros mas cuantiosos. Establecer este punto es una de las claves fundamentales para que la empresa sea sustentable en el tiempo y perdure como fuente de ingresos y de riqueza de su familia o familias propietarias.
Herramientas para el crecimiento sustentable. El Protocolo Familiar.
El Protocolo Familiar es un acuerdo de voluntades entre los integrantes de la familia, con derechos y expectativas vinculados a la empresa familiar, tendiente a establecer un “set” de reglas de juego entre los dos sistemas que interactúan en su seno. Su propósito es brindar el marco necesario para la interacción equilibrada que antes mencionamos, posibilitando con ello la existencia de una empresa sustentable y perdurable en el tiempo a la par de una familia propietaria que se mantenga unida y con lazos sólidos que no se alteren por la dinámica empresaria.
Los temas que he expuesto en este artículo son tratados en profundidad y detalle en el Protocolo Familiar, en el que generalmente se abordan, entre otros tópicos:
- El establecimiento de la Misión, Principios y Valores de la familia y de la empresa.
- Las Políticas de distribución de beneficios y de reinversiones
- Las Políticas de incorporación de familiares como recursos humanos de la empresa.
- Las Reglas para la toma de decisiones
- Las Políticas para la elección y remoción de directivos familiares
- Las Políticas sociales y familiares que serán vinculadas o financiadas con la empresa, tales como proyectos de capacitación, inversiones adicionales, fondos de contingencia, etc.
- Las Reglas para la resolución de conflictos
- La existencia de derechos de preferencia y pautas de limitación a la transferencia de participaciones sociales como medio de conservación del carácter familiar de la empresa.
- Las Reglas para la extinción de la empresa familiar como tal
- Las Reglas para la modificación del Protocolo
- El establecimiento de órganos de gobierno familiares, que medien entre el sistema familiar y los órganos de gobierno y conducción de la empresa. Estos órganos consisten en el Consejo de Familia, generalmente integrado por familiares con conocimiento de la actividad de la empresa, y la Asamblea Familiar, que es una reunión plenaria de todos los integrantes de la familia.
Para la construcción, elaboración e implementación de un Protocolo sólido y estable en el tiempo no debe perderse de vista que el proceso de hacerlo es tanto o mas importante que su resultado. Puede haber Protocolos cuya exigibilidad sea solo moral o Protocolos con una alta dosis de exigibilidad jurídica y con un importante agregado de instrumentos legales (testamentos, fideicomisos, seguros de vida, reformas estatutarias, etc.) cuya mayor o menor complejidad estará dada por la idiosincrasia y necesidades de cada empresa. Lo cierto es que en uno u otro caso su efectividad y estabilidad dependerá de la forma en la que se construyó el consenso familiar, de las conductas que los líderes de la familia y la empresa hayan adoptado en el proceso y en el cumplimiento de las normas por él generadas, y de la legitimidad que toda la familia le asigne a dichas normas. “Copiar y pegar” no es aquí una buena alternativa.
Conclusiones
La empresa familiar agropecuaria es, en mi opinión, una unidad económica de grandes posibilidades y que contribuye sensiblemente a la construcción de riqueza en nuestra economía. El objetivo de este artículo es brindar algunas de las claves que permiten que este tipo de empresas perdure y prospere en el tiempo mientras la familia no se fractura como un costo de ello. El temprano abordaje de las temáticas sensibles y el establecimiento de reglas de juego posibilitarán que esto así suceda.
Nota: Este artículo fue originalmente publicado en la Revista Braford Nº 56, de Diciembre de 2006. Considerando la actual situación de nuestras empresas agropecuarias, me pareció una buena idea ponerlo a la disposición de mis lectores para no olvidar que no debe olvidarse lo "importante" mientras se está discutiendo acaloradamente lo urgente.